5 April 2026

Estamos a una semana de lo que, para muchos, son las elecciones más complejas y trascendentes en la historia reciente del Perú. Desde la elección de Ollanta Humala en 2011, no hemos tenido un presidente que complete su mandato de cinco años. Llevamos más de una década de inestabilidad política crónica, una situación que ha ido sembrando resignación, como si el país no tuviera arreglo.

Hoy votamos más por obligación que por convicción. Votamos para evitar que alguien gane, en lugar de hacerlo para impulsar a quien nos inspire esperanza y estabilidad.

Ese desgano es comprensible, pero también es peligroso. Porque en medio de esa apatía, olvidamos el enorme poder que tiene nuestro voto: el poder de generar cambio, de elegir con criterio, de apostar por quienes creemos que pueden representar mejor nuestros valores y el futuro que queremos construir.

Hay una frase que se repite mucho en el Perú y que resulta especialmente dañina: “solo esto pasa aquí”. Nos desconecta, nos hace sentir desafortunados por el simple hecho de haber nacido en este país. Pero la frustración con la política, la desconfianza en los líderes y el desencanto con los procesos electorales no son exclusivos del Perú. Han existido —y existen— en muchas democracias del mundo.

Por eso, más que resignarnos, toca recordar lo esencial: votar no es solo un derecho, es una responsabilidad con el futuro.

Para activar esa conciencia, estas frases ayudan a poner las cosas en perspectiva: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por las peores personas” — Platón; “El voto es el instrumento más poderoso jamás concebido por la humanidad para destruir la injusticia” — Lyndon B. Johnson; “Alguien luchó por tu derecho a votar. Úsalo” — Susan B. Anthony; “El voto es la voz de la igualdad” — Harvey Milk; “No votar es decidir que otros decidan por ti” — Barack Obama.

En una semana, más de 27 millones de peruanos tendremos en nuestras manos una decisión que trasciende el momento. Si votamos de manera responsable, informada y consciente, podemos empezar a recuperar algo que hoy parece escaso: la ilusión por el futuro.

Porque el cambio no empieza cuando gana un candidato. Empieza cuando una ciudadanía decide no rendirse.

Y vale la pena recordarlo con una advertencia tan vigente hoy, como siempre: “Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”. Si no es ahora, ¿cuándo? Si no somos nosotros, ¿quién?

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